Imágenes del Taller de Padres de Septiembre.
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Es la capacidad de valorarse, quererse, respetarse a uno mismo en su justa medida. “Ninguno tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” dice la Biblia.
Cada niño trae su propio temperamento: hay chicos muy alegres y sociables, otros tranquilos y callados, algunos se muestran dispuestos a desafiar a quien tengan delante, otros son obedientes, algunos no se desaniman facilmente, mientras que otros prefieren no arriesgarse a nada nuevo. Hay chicos que hablan y se mueven sin parar y otros que se muestran reflexivos y profundos. Ninguno es “mejor” que otro, sencillamente son diferentes.
Cada hijo es único, por lo cual en las situaciones que se nos presentan tenemos que ser sabios en cómo resolverlas, qué actitud tomaremos, qué pondremos en la balanza, y será importante entonces tener en cuenta el temperamento de cada uno de nuestros hijos, porque lo que funciona para uno puede no ser útil para otro.Observar a nuestros hijos, intentar conocerlos al máximo, respetar sus diferentes temperamentos nos ayudará a comprender mejor el por qué de algunas reacciones y actitudes, inclinaciones y gustos, etc, y a encausarlos para que se puedan conocer a sí mismos y aprendan a relacionarse mejor también con otros.