Cuando un niño recién nace, podríamos decir que su autoestima está “en cero”. A diferencia del temperamento y de la formación de la personalidad.
Será la mamá en primera instancia y el papá, quienes le proporcionen al bebé lo necesario para crecer y desarrollarse, para ir sintiéndose validado y amado, confiado y seguro. Ese primer contacto con el mundo, la mirada, la seguridad, la confianza, el bienestar, se traducen y aprenden en el abrazo, el amor, el cuidado, la aceptación, el contacto que mamá y bebé, familia y bebé van compartiendo desde un principio.
Los padres somos los espejos donde los hijos a medida que crezcan se van a ir mirando, y así en estos primeros años, de acuerdo a la imagen que estos espejos le devuelvan al niño, éste irá construyendo de a poco su autoestima.
El tema de la autoestima es disparador de muchos otros que se entretejen y nacen justamente a partir del concepto que cada uno tiene de sí mismo: ¿Cómo te ves a vos mismo? ¿Quién sos? ¿Qué pensás acerca de vos mismo? Reflexionar en cuanto a la autoestima es como ponerse delante un espejo que no sólo refleja lo externo sino lo interno.
¿Qué es y Por qué es importante la autoestima?
Es la capacidad de valorarse, quererse, respetarse a uno mismo en su justa medida. “Ninguno tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” dice la Biblia.La autoestima se basa en el autoconcepto, autoconfianza, autorespeto, autovaloración y autoaceptación.
Para graficarla podemos utilizar el ejemplo de un auto:
-Marcha atrás: autoestima baja.
Velocidad constante y en los límites establecidos: autoestima sana, equilibrada.
Exceso de velocidad: sobre-estima (o narzicismo).
Una persona con una autoestima sana, con un sentido de amor y valía personal adecuado, crecerá
anteponiendo el “ser” al “tener”. Comprenderá que vale por lo que “es” y no por lo que “tiene” o por lo que los demás puedan pensar o decir.
Cuando la autoestima es sana tenemos más herramientas y recursos para lograr nuestros proyectos, metas, etc, y aún cuando no los alcancemos seremos capaces de seguir valorándonos en su justa medida. Por ejemplo, sabremos diferenciar que si no hemos podido alcanzar una meta o concretar un proyecto, no “somos unos fracasados”, sino que simplemente “fracasamos en esa tarea” pero podemos buscar otras alternativas y volver a intentarlo.
Una persona con autoestima sana no se deja manipular por otros, es decir, no depende de la aprobación o empuje de los demás para vivir feliz, ni está determinada o limitada por las circunstancias, ya que conoce sus fortalezas y debilidades e intenta activar todo su potencial en la vida.
Una autoestima sana nos permite manejar las frustraciones, miedos y conflictos con más herramientas que alguien que tiene una baja estima, o sobre-estima, ejemplos del primer caso sería un pensamiento general acerca de sí mismo traducido en: “no puedo” “no me animo” “no soy suficientemente bueno” “lo podría haber hecho mejor”, “nadie me quiere”, etc, o en el segundo caso: “soy el mejor”, “nadie me supera”, “no hay otro como yo”, etc.
Por eso, el primer punto para ayudar a nuestros hijos a desarrollar una autestima sana, es desarrollarla en nosotros mimos. Aprender a valorarnos, romper esquemas mentales negativos, salir del automaltrato, de la culpa, del perfeccionismo, del orgullo, si lo hacemos con nosotros, lo estamos haciendo con nuestros hijos porque ellos se están mirando en ese espejo que somos nosotros. Si estamos sanos emocionalmente nuestros hijos lo estarán también. Si nos valoramos a nosotros mismos, los valoramos a ellos.
Jesús enseñó acerca de esto, él dijo que el mandamiento más importante es: “ Amaal Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente. Este es el primero y el m´s importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22.37-39, La Biblia.
Para amar a otros como a nosotros mismos, es necesario amarnos primero a nosotros mismos, comprender el valor que Dios nos asigna como personas, aceptarnos y estar dispuestos a abrirnos a otros.
Mayra Djimondian

No hay comentarios:
Publicar un comentario